Publicado el 22 de agosto, 2026

El ser querido (2026) encuentra su belleza en las diferencias que nos hacen querernos y odiarnos. Se le pueden reprochar caprichos formales y un cierre por debajo de sus posibilidades, pero llega bastante más lejos que muchas otras.
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Después de varios minutos de ovación en Cannes, la nueva cinta de Sorogoyen se fue de vacío en un festival donde fue la peor parada de las tres españolas en competición. A ese sabor agridulce se le sumaba su parecido argumental con otra que arrasó en el mismo festival doce meses antes. A mi criterio conviene apartar todo ese ruido ya que lo que hay debajo merece juzgarse por su cuenta.

Dos versiones de lo mismo

El madrileño nos enfrenta a la imposibilidad de compartir un pasado idéntico. Padre e hija atraviesan los mismos hechos y salen de ellos con relatos contradictorios, incompatibles, y no es porque alguno mienta, sino porque cada cual recuerda desde su propio dolor, desde su carácter y desde aquello que necesita para crecer sobre sí mismo. Dicho planteamiento, en su esencia, remite a una especie de Rashomon (1950) en ese juego de versiones, aunque Kurosawa pretendía sembrar la duda de lo que había ocurrido realmente y aquí no son los hechos los que están en discusión, sino su significado. Quizá es ahí donde surge lo más doloroso de la propuesta, y es que da la sensación de que ciertas rupturas son evitables, quizá bastaba una conversación en el momento adecuado para evitar años de silencio.

Dos escenas

Esa idea final encuentra una expresividad primorosa en su arranque, veinte minutos de conversación sostenida a base de plano y contraplano. Encuadres cerrados, personajes que se contienen y máscaras que se caen. Y es que lo que se dice importa menos que lo que se calla, por ello el espectador se queda encerrado ahí dentro, atrapado en una charla incómoda precisamente por lo natural de la misma. Dos personas tanteándose demasiado por su incapacidad de comunicarse después de tanto tiempo. Es esta una de las ocasiones en las que podemos ver a un Bardem desatado interpretativamente frente a una Vicky Luengo que vuelve a demostrar que la cámara la quiere. Quizás soy yo, pero la veo y desprende un magnetismo raro, de esos de querer verla en pantalla incluso cuando calla.

Ese dominio total de Sorogoyen queda patente cuando es capaz, en otra de las secuencias más memorables, de mezclar la comedia y la tensión sin que se estorben. La sala ríe mientras se incomoda, equilibrando dos registros opuestos y generando un estímulo en el espectador más que meritorio.

La imagen que se rompe

Formalmente nos encontramos ante un planteamiento tan ambicioso como coherente. Existe una evolución en esa degradación entre padre e hija donde la propia imagen se descompone, cambian los formatos, las texturas, como si la película fuese perdiendo estabilidad al mismo ritmo que sus protagonistas. La intención se entiende y funciona en casi la totalidad de la cinta. El problema llega con decisiones puntuales donde sobre todo el uso del blanco y negro no siempre logra establecer una conexión. En ocasiones el salto se siente y se entiende, en otras se queda en un gesto del que cuesta discernir si responde a falta de coherencia interna o si la pose se sitúa por encima de la necesidad.

Por último, el desenlace. Cierra, y cierra correctamente, pero después de todo lo recorrido y removido durante dos horas de metraje uno espera algo con más peso. Salí con una sensación de planitud final que no se correspondía con la altura de todo lo anterior. Da la sensación de que la película hubiese gastado su energía por el camino y llegase al final exhausta.

Notable Sorogoyen

El ser querido (2026) encuentra su belleza en las diferencias que nos hacen querernos y odiarnos. Se le pueden reprochar caprichos formales y un cierre por debajo de sus posibilidades, pero llega bastante más lejos que muchas otras. Sorogoyen firma su trabajo más ambicioso por lo íntimo, encontrando en la calidez su forma particular de mirar. La comparación con Trier no resiste el visionado: aquel alcanzaba lo poético desde el frío y remataba mejor la faena; este emociona desde otro sitio y con otras armas. Comparten premisa, pero eso no significa que cuenten lo mismo, y es precisamente lo que uno debería haber aprendido después de ver la película.

¿Dónde ver El ser querido?

Se podrá disfrutar en salas españolas a partir del 26 de agosto.

Ficha Técnica

Título original: El ser querido

Año: 2026

Duración: 135 min.

País: España

Director: Rodrigo Sorogoyen

Guion: Isabel Peña, Rodrigo Sorogoyen

Reparto: Javier Bardem, Victoria Luengo, Raúl Arévalo, Marina Foïs, Mourad Ouani, Raúl Prieto, Nuria Prims

Género: Drama, Cine dentro del cine, Familia, Paternidad

Calificación: 8/10

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