«La flor de mi secreto» (1995), de la tristeza y el rencor surge la belleza
Marisa Paredes luce un abanico de colores que complementa con su gama cambiante de estados de ánimo. La actriz será el vehículo para volcar emociones en el espectador.
Marisa Paredes luce un abanico de colores que complementa con su gama cambiante de estados de ánimo. La actriz será el vehículo para volcar emociones en el espectador.
Michael (2026) no es un biopic memorable, pero es plenamente consciente de lo que es: un homenaje generoso al rey del pop. Filmada con oficio e interpretada con entrega, es una película diseñada para que el espectador disfrute más que para que reflexione.
La momia de Lee Cronin (2026) no decepciona por ser una mala película, sino porque queda lejos de las expectativas que generaba el nombre de su director.
Noche de bodas 2 (2026) es una secuela entretenida, pero que se queda un paso atrás de su predecesora. Tiene más medios y un envoltorio más grande, pero no eleva todo aquello que hizo especial a la primera.
Te van a matar (2026) es entretenida, irregular, pero plenamente consciente de lo que es. Carece de cualquier tipo de profundidad, pero consigue explotar sus virtudes dentro del terreno del cine más gamberro.
Proyecto Salvación (2026) es puro disfrute; quizá no es una obra maestra, pero funciona de principio a fin. Cumple con todo lo que se propone y es por ello que deja huella en el espectador.
Rental Family (2025) es una película notable, cálida y equilibrada. Invita a pensar desde la comprensión y la ternura, huyendo del cinismo y de las respuestas definitivas.
En términos generales, El agente secreto (2025) es formalmente brillante, sólida en su planteamiento y ambiciosa en sus intenciones, pero lastrada por una frialdad que dificulta una conexión que podría haber elevado su techo por encima del halago objetivo.
Rondallas (2025) nos habla del duelo y de la ilusión de volver a empezar, de la alegría que puede surgir en los momentos difíciles y evidencia la capacidad de la música y de la comunidad para sanar. Una celebración de cine sin pretensiones profundamente humano.
No hay otra opción (2025) es un sí rotundo en su forma y un «sí, pero no» en su fondo. Es una lástima que tal exhibición de estilo sucumba a una falta de identidad que revele con tanta claridad que no sabe qué pretende ser.