Publicado el 14 de agosto, 2026

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El final de Oak Street (2026) es entretenimiento palomitero y veraniego del que cumple sin alardes. Se ve con gusto, dura exactamente lo que debe y deja un par de escenas que uno puede llegar a recordar.
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Después de It Follows (2014) y Lo que esconde Silver Lake (2018), a David Robert Mitchell se le abren las puertas de los grandes estudios. Una puerta que le pone ochenta millones sobre la mesa y el paraguas de Bad Robot (J. J. Abrams) y Warner. Una película que llega en agosto, una franja del año reservada para el entretenimiento puro. Un aviso que conviene tener presente antes de entrar en sala.

Su condena

Tengo que reconocer que el punto de partida es prometedor. Una idea con potencial de sobra para sostener un espectáculo veraniego. Pero el problema aparece en la ejecución, ya que el guion se queda considerablemente por detrás de su propia ocurrencia. Hay muchos diálogos que carecen de cualquier personalidad y que funcionan como piezas intercambiables. Incluso la subtrama doméstica que debía sostener lo emocional interesa bastante poco cuando uno tiene delante algo más atractivo como lo son los dinosaurios.

Y donde más se resiente es en unos hijos especialmente cargantes, escritos exclusivamente para generar fricción y que en consecuencia se vuelven insoportables. Repiten preguntas que nadie puede responder porque están en su misma situación; interrumpen y reaccionan siempre del modo más inoportuno posible. La intención se entiende, pero el efecto real acaba siendo contrario.

Valentía a medias

Con estos mimbres, la película tenía todas las papeletas para ser un blockbuster entretenido pero olvidable al día siguiente. Pero existen dos escenas que elevan el techo del guion. Dos escenas capaces de jugar con registros que no le corresponden. Una que arranca desde lo cómico y que en cuestión de segundos gira dejando al público en un silencio bastante elocuente. Y otra capaz de administrar la tensión y el humor con un equilibrio que al resto del metraje le cuesta. Dos aciertos aislados, pero de esos que recuerdas al salir del cine.

Además, en una de ellas reside el mayor atrevimiento de la propuesta, una en la que el guion no actúa como blindaje de los protagonistas. Aun así, es cierto que el desenlace rebaja ese golpe, aunque lo hace con notable habilidad, consiguiendo que la trampa se reciba con gusto.

Muy ochentero

Formalmente, Mitchell nos regala algunos planos que sorprenden por lo poco habituales en una producción así, aunque son más una decisión de estilo que una necesidad narrativa. A su vez, la estética parece firmada por Amblin; existe una clara inspiración en el cine ochentero y más concretamente en un cine un tanto spielbergiano. Por su parte, los dinosaurios están resueltos con solvencia, ofreciéndonos escenas resultonas.

Cumplidora

El final de Oak Street (2026) es entretenimiento palomitero y veraniego del que cumple sin alardes. Se ve con gusto, dura exactamente lo que debe y deja un par de escenas que uno puede llegar a recordar. Se ha dicho que es lo mejor que ha dado el género de dinosaurios en años; probablemente sea cierto, pero es más por una competencia instalada en la mediocridad que por méritos propios. En definitiva, su guion nunca llega a la altura de su idea, pero funciona por encima del mínimo exigible, atreviéndose donde otras no lo harían, que para una película de agosto no es poca cosa.

¿Dónde ver El final de Oak Street?

Se podrá disfrutar en salas españolas a partir del 14 de agosto.

Ficha Técnica

Título original: The End of Oak Street

Año: 2026

Duración: 100 min.

País: USA

Director: David Robert Mitchell

Guion: David Robert Mitchell

Reparto: Anne Hathaway, Ewan McGregor, Maisy Stella, Christian Convery, Jordan Alexa Davis, P.J. Byrne

Género: Ciencia ficción, Aventuras, Acción, Supervivencia, Familia, Dinosaurios

Calificación: 7/10

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