«Las vírgenes suicidas» (1999): la inercia de la tragedia
Las vírgenes suicidas (1999) es una pieza que, sin llegar a la obra maestra redonda que a veces se reivindica, consigue dejar un poso de reflexión en el espectador.
Las vírgenes suicidas (1999) es una pieza que, sin llegar a la obra maestra redonda que a veces se reivindica, consigue dejar un poso de reflexión en el espectador.
Un juego de tres (2025) es una película modesta pero bien calibrada. Simpleza y equilibrio encuentran su valor precisamente en no querer ser más de lo que es.
El espíritu de la colmena (1973) posee una barrera de entrada alta, pero recompensa al espectador entregándole una obra maestra singular.
Volpe firma una pieza tensa que nos advierte que detrás de cada uniforme hay un ser humano con problemas. Cine de altura de una directora a tener en cuenta.
Regreso al futuro (1985) es puro cine ochentero en el mejor de los sentidos. Una obra maestra de su género: el entretenimiento.
Johnny cogió su fusil (1971) transita entre el alegato provida y la apología de la eutanasia para exponer una disyuntiva atroz.
Springsteen: Deliver Me From Nowhere (2025) no es una mala película, pero sí un ejercicio incompleto. Estamos delante de un biopic que se queda en tierra de nadie.
El club de la lucha (1999) es una obra mayúscula que, si bien pierde impacto una vez conocido su secreto, gana profundidad con cada visionado.
Trier firma una película que confunde imperfección con humanidad, entregando un producto final que en el mundo real no tendría nada de poético.
La obra de Wyler resiste el paso del tiempo estableciéndose como una comedia luminosa que culmina con un gesto de madurez dolorosa, recordándonos que los momentos bellos de la vida son, a menudo, aquellos que no podemos conservar.