Cinco años después de ese fan service tan satisfactorio que fue No Way Home (2021) volvemos a Nueva York de la mano de Destin Cretton. Jon Watts deja la saga después de una trilogía irregular para dar el testigo a un director que toma la tan sencilla como acertada decisión de volver a la calle, a la ciudad, a los orígenes.
Coherencia al fin
Este descenso deliberado es lo mejor que podía pasar. De esta forma recuperamos a un Spider-Man más introspectivo, a ese neoyorquino alejado del multiverso y de la sombra permanente del resto de héroes. Y si bien es cierto que las ideas que maneja la película no son especialmente originales en términos absolutos, estas resultan frescas dentro de un universo lastrado por una mediocridad recalcitrante. Todo este aire fresco basta para sostener con solvencia más de dos horas y media de metraje.
Otro de los puntos que juega a su favor es confeccionar un guión que respeta el precio que se pagó al final de la anterior entrega. En una Marvel acostumbrada a revertir mediante atajos emocionales o casualidades convenientes, mantener el pulso narrativo tiene un mérito inesperado.
Cliché soportable
Por otro lado, el villano funciona mejor de lo habitual. Su construcción genera interés y sus poderes lucen espectaculares en pantalla logrando imponer un respeto real, algo casi extinto en la casa. Aun así no todo podía ser perfecto, ya que el giro que lo cierra se ve venir con demasiada antelación y desactiva parte de lo construido. Un problema que, en definitiva, arrastra la película entera.
Y es que el peaje de tanta introspección es un tercer acto que cae en el discurso de siempre. De nuevo vuelve a asomar una paradoja incómoda del cine de franquicia: la de unos personajes tan definidos por su propia moraleja que resultan casi intocables, parecen condenados a repetirla a perpetuidad. Spider-Man lleva setenta años diciéndonos lo mismo sobre el poder y la responsabilidad, y por ello se genera una dicotomía difícil de solucionar entre la fidelidad al mito y la ambición autoral de ofrecer algo nuevo. En esta ocasión el mensaje llega formulado casi con las mismas palabras de tantas otras veces, chocando con la intención y hondura que la película había construido. Igualmente esto no es achacable a Cretton, pero sí genera un valle evidente donde debería existir un clímax final.
Con oficio
Visualmente la cinta se mantiene firme. El montaje es dopamínico, las secuencias de acción están ejecutadas con oficio e incluso hay composiciones que llaman la atención, desde una simetría agradable hasta planos pensados con intención y no solo como vehículo de información. Aunque es necesario admitir que cuando nuestro hombre araña se balancea por Nueva York esta se siente con un aire digital que rompe, en ocasiones, la inmersión. Un mal menor dentro de un apartado técnico que cumple con nota.
Por encima de lo mínimo
Spider-Man: Brand New Day (2026) es, con sus costuras, lo mejor que le ha ocurrido al personaje desde Raimi. Tiene todo lo bueno esperable de una película de Spider-Man y buena parte de lo malo, aunque no todo, lo cual constituye una victoria. Eso sí, recomiendo no sobrepensarla porque el análisis en frío le sienta peor que el recuerdo. Cretton consigue entretener y dejar buen sabor de boca, y a veces con eso basta.
¿Dónde ver Spider-Man: Brand New Day?
Se podrá disfrutar en salas españolas a partir del 29 de julio.
Ficha Técnica
Título original: Spider-Man: Brand New Day
Año: 2026
Duración: 144 min.
País: USA
Director: Destin Cretton
Guion: Chris McKenna, Erik Sommers, Justin Kuritzkes
Reparto: Tom Holland, Zendaya, Sadie Sink, Jon Bernthal, Jacob Batalon, Tramell Tillman, Mark Ruffalo
Género: Acción, Fantástico, MCU. Cómic, Superhéroes, Marvel Comics, Secuela
Calificación: 7’5/10



