«El odio» (1995): el ciclo eterno del rencor
Kassovitz nos sitúa en los suburbios de la capital francesa, epicentro de los conflictos sociales más habituales: discriminación, pobreza, vandalismo y brutalidad policial.
Kassovitz nos sitúa en los suburbios de la capital francesa, epicentro de los conflictos sociales más habituales: discriminación, pobreza, vandalismo y brutalidad policial.
Cuando Harry encontró a Sally (1989) fue más allá de su éxito inmediato y traspasó la pesada losa del tiempo para constituirse como un referente de la comedia romántica.
Anticristo (2009) posee la capacidad de turbar y desagradar a un gran abanico de espectadores, pero es en su cariz argumental donde Von Trier azota sin piedad a un espectador náufrago en el tormento de una mente tan frágil como privilegiada.
Estamos delante de un ejercicio técnico y narrativo soberbio, una obra que navega entre la meticulosidad visual de su director y la complejidad del argumento que se intenta plasmar.
La creación de Béla Tarr es catártica sin la necesidad de dramatismos estratégicamente situados; le vale con la simple representación de unas existencias marchitas en una rueda de giro eterno.
«Doce hombres sin piedad» lidia contra los prejuicios, prepotencia e ira, incluso frivolidad de los hombres que conforman el jurado.
Es un imperdible del cine, una oda a saber escribir y a tener aprecio por el espectador, y más que aprecio, respeto. Desde ahora, esta obra maestra perdurará en mí como una de las mejores películas de la historia.
El silencio de los corderos (1991) trasciende su propio género para convertirse en una obra de culto capaz de combinar guion, dirección, actuación y técnica en un cóctel excelso.
Obra totémica la que erige un Sergio Leone maduro, que con el tacto necesario transciende la narrativa criminal clásica y nos transporta a un mundo nuevo.
Toro salvaje (1980) es la lucha interna de un hombre vacío por dentro, carente de los recursos emocionales para corregir un comportamiento que, en muchas ocasiones, es propio de un animal.