«Sin techo ni ley» (1985): la libertad como condena
Sin techo ni ley (1985) es una de las obras cumbre de una directora con una sensibilidad y una convicción en lo que quiere plasmar en pantalla tan admirable como meritoria.
Sin techo ni ley (1985) es una de las obras cumbre de una directora con una sensibilidad y una convicción en lo que quiere plasmar en pantalla tan admirable como meritoria.
Para entender la evolución del cine quinqui durante los últimos 40 años, te ofrecemos esta selección con las 5 imprescindibles del género.
Avatar (2009) deslumbra en su primera hora de metraje, pero cae rápidamente en las garras de una planitud narrativa, consecuencia de unos personajes profundamente anodinos.
Hay poco que rescatar en una cinta costumbrista cuyos escasos cambios resultan en un deterioro de la propia narrativa, lo que la conduce a ser uno de tantos live actions fallidos.
El guion de «Mujeres al borde de un ataque de nervios» es lejos el más prolijo hasta la fecha, con excelentes parlamentos de los protagonistas, pero también de los importantes secundarios.
Su conformismo cinematográfico se ha alineado con la nula intención de arriesgar en ninguno de los aspectos de un filme desechable.
El sueco realiza un trabajo filosófico y visual portentoso, una cuasi obra maestra sobre el cine de autor antibelicista.
Ordet (1955) va directa a una de las estanterías más selectas del cine, un regalo de unas proporciones que escapan a la valoración numérica y que trascienden a un espacio donde solo habitan unas pocas elegidas por el impasible juez que es el paso del tiempo.
«Los siete samuráis» es protagonizada por siete samuráis que deben defender a un pueblo de las garras de cuarenta forajidos.
«Superestar» no es un biopic, es un homenaje a lo extraño. Uno conmovedor y surrealista que rompe con la norma. La mejor versión de Vigalondo