Los zombis (o infectados) llevan estancados entre dos escuelas desde hace décadas. Entre el horror puro y la comedia nacen excepciones como las de Romero o Wright, pero los intentos fallidos son los que copan un género muy maltratado. En esta ocasión, Zach Cregger no oculta su tendencia a hacer del horror un motivo por el que sonreír. Con Weapons lo dejó claro. Con respecto a Resident Evil, el estadounidense crea un oasis después de ocho películas y una serie instaladas de forma equidistante entre la mediocridad y el fracaso.
Un Cregger sin ataduras
En Resident Evil (2026) la comedia nace de la propia premisa. Nuestro protagonista es una persona normal que trabaja de noche y que por cosas del destino le toca abrirse paso entre monstruos sin experiencia alguna, y ese desajuste entre las carencias del personaje y lo que la situación le exige es de donde nace un humor muy bien llevado. Fue Bergson quien explicaba la risa como lo mecánico superpuesto a lo vivo, un cuerpo que debe actuar como una máquina y que fracasa en el intento provoca la carcajada en el espectador. Y es aquí donde Cregger puede no contentar y polarizar a aquellos que esperaban pasarlo mal en un sentido más literal.
Por otro lado, no se adapta nada en concreto del universo Resident Evil, decisión que algún purista criticará, pero que funciona. Después de un sinfín de adaptaciones fallidas, esta historia pequeña y alternativa se siente como un respiro. Y es que el resultado es algo propio, construido sin la losa de la fidelidad, que gana en frescura lo que renuncia en anclaje al mundo creado por Capcom.
Un tropiezo
Toda esa independencia potencia un pulso narrativo caracterizado por un metraje corto y una trama eminentemente arquetípica, permitiendo que el conjunto avance sin apenas fricciones, ya sea con jumpscares bien construidos o con gags que suceden orgánicamente sin dar esa sensación de relleno. Aun así, el reparto entre tensión y comedia no se siente igual de firme y uniforme durante todo el metraje. La primera hora sí que es capaz de encontrar el equilibrio exacto, pero la última media hora se entrega a un desfase que arranca con gancho, pero que termina resolviéndose más por la vía de la diversión que por la de un apogeo final más satisfactorio. Es un desenlace con personalidad y no resulta torpe, pero, visto el conjunto de la cinta, quizá no es el camino que mejor le sentaba.
La cámara convertida en mando
Este correcto final no empaña un terreno técnico donde Cregger sobresale. Este logra escenificar una experiencia casi jugable. El uso de la cámara juega un papel fundamental en una sensación de inmersión excelsa. Cámaras desde el punto de vista del protagonista, pegadas al cañón del arma y una depurada puesta en escena en los momentos de horror corporal consiguen algo que el jugador de Resident Evil llevaba años buscando, y es el de reconocer mecanismos del videojuego sin una sola referencia argumental directa.
Un balance positivo
Que la palabra que mejor resuma Resident Evil (2026) sea disfrutona no creo que sea un defecto. Es la consecuencia natural de mezclar tensión y comedia desde la matriz, y quien la reciba con reservas por haber esperado el horror asociado al nombre de la franquicia estará juzgando la película que quería ver antes que la que realmente tiene delante. Cregger firma un trabajo técnico sobresaliente, de una personalidad autoral arrolladora y con bastantes más luces que sombras, elevando así el nivel paupérrimo de una adaptación maltratada desde sus inicios.
¿Dónde ver Resident Evil?
Se podrá disfrutar en salas españolas a partir del 18 de septiembre.
Ficha Técnica
Título original: Resident Evil
Año: 2026
Duración: 95 min.
País: USA
Director: Zach Cregger
Guion: Zach Cregger, Shay Hatten
Reparto: Austin Abrams, Zach Cherry, Kali Reis, Paul Walter Hauser
Género: Acción, Terror, Comedia de terror, Zombis, Monstruos, Body Horror, Videojuego
Calificación: 7’510



