Parthenope (2024) de Paolo Sorrentino: poesía visual y el Nápoles que divide
La última película de Sorrentino deslumbra por su estética y recreación de Nápoles, pero su guion introspectivo genera debate entre los espectadores.
La última película de Sorrentino deslumbra por su estética y recreación de Nápoles, pero su guion introspectivo genera debate entre los espectadores.
Nouvelle Vague (2025), de Richard Linklater, no es más que una celebración abierta y luminosa del cine. Su valor reside en la cercanía y en cómo es capaz de despertar esa pulsión vital nacida de la juventud, el error y el deseo de crear.
Marty Supreme (2025) agota, sacude y fascina a partes iguales. Es sin duda una de las tres mejores películas del año.
Hamnet (2025) hipnotiza desde lo visual, lo narrativo y lo interpretativo. Una obra totémica, de una belleza y honestidad infrecuentes, un prodigio sobre cómo la emoción supura ante la crueldad de la muerte.
Avatar: Fuego y ceniza (2025) es un triunfo del estilo sobre la sustancia. A pesar de su cobardía argumental, la película consigue ser un entretenimiento que te mantiene embobado durante 197 minutos.
Las vírgenes suicidas (1999) es una pieza que, sin llegar a la obra maestra redonda que a veces se reivindica, consigue dejar un poso de reflexión en el espectador.
Un juego de tres (2025) es una película modesta pero bien calibrada. Simpleza y equilibrio encuentran su valor precisamente en no querer ser más de lo que es.
El espíritu de la colmena (1973) posee una barrera de entrada alta, pero recompensa al espectador entregándole una obra maestra singular.
Volpe firma una pieza tensa que nos advierte que detrás de cada uniforme hay un ser humano con problemas. Cine de altura de una directora a tener en cuenta.
Regreso al futuro (1985) es puro cine ochentero en el mejor de los sentidos. Una obra maestra de su género: el entretenimiento.