Publicado el 1 de septiembre, 2026

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Resurrection (2025) es cine sobre cine para el cine. Exige, desconcierta, agota, deslumbra y termina recompensando a quien aguanta el pulso.
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La uniformidad desalentadora de las salas de cine lleva a muchos cinéfilos a visitar productos como el de hoy. Todos los estrenos se presentan con el mismo envoltorio, las intenciones son parecidas, mientras que la exigencia al espectador va quedando relegada a un segundo plano. En esta coyuntura sintética aparece el tercer largometraje de Bi Gan, que llegó a Cannes provocando tanto la huida de parte de la prensa como la etiqueta de obra maestra y el premio especial del jurado.

Soñar es cine

Y esto es lo primero que tengo que agradecerle, la mera existencia de algo así, que alguien entienda que en 2026 el espectador puede permitirse un nivel de exigencia tal. Sobre todo porque bajo toda la ambición formal late una defensa a la experiencia cinematográfica, tratando la sala de cine como un espacio irreemplazable. Resurrection (2025) se fundamenta y construye sobre esa convicción, tanto es así que su premisa funciona como declaración de principios. Bi Gan nos presenta un mundo donde renunciar a soñar garantiza la vida eterna y quienes insisten en hacerlo son considerados delirantes. Es aquí donde nace una equivalencia portadora de un preciosismo difícilmente igualable, y es que soñar es ver cine y quienes amamos al cine somos exactamente esos delirantes, gente dispuesta a gastar su existencia en imágenes que no le pertenecen.

Cien años en cuatro relatos

Sobre esta estructura narrativa se levanta una epístola de amor al séptimo arte estructurada como una película de películas. Un prólogo y cuatro relatos interconectados atraviesan el siglo entero tanto cronológica como culturalmente. Viajamos desde el expresionismo alemán pasando por un cine negro de estética comiquera, encadenando referencias que uno solamente intuye y desembocando en un relato final rodado en un plano secuencia interminable. Este último tramo rebosa de una belleza y un virtuosismo casi enloquecedores por lo difícil que resulta comprender cómo se sostiene semejante despliegue.

Todo este recorrido nos deja claro que estamos ante un esteta descomunal, un salamanquero capaz de extraer potencia de cualquier herramienta que caiga en sus manos. El stop motion, los juegos de cámara, las perspectivas, los cambios de tamaño de encuadre, la colorimetría. Todo lo que toca lo domina, y cuando lo domina mezcla registros que en principio no deberían convivir, elevando aún más la dificultad, pero sin restarle calidad. Una mezcolanza conceptual y visual que se mantiene en pie durante todo el metraje.

Imágenes que perduran

Es esa coherencia entre lo visual y lo conceptual la que hace que esta cinta sea capaz de remover al espectador. Las imágenes poseen un peso que trasciende lo decorativo funcionando como narración. Personalmente, reconozco que en muchos momentos no tengo la certeza de haber interpretado correctamente lo que se me estaba proponiendo, ni sé qué pretendía exactamente su autor. Pero eso, lejos de invalidar la experiencia, la eleva, ya que las imágenes impresionan por sí mismas, con independencia de que el espectador acierte a descifrarlas del todo. Bi Gan consigue sensaciones novedosas u olvidadas sin que ello dependa de estar en posesión de la verdad absoluta.

El precio

Ahora bien, conviene advertir que estamos ante un viaje extenuante que supera las dos horas y media y que en lo estrictamente narrativo resulta alternativo hasta el extremo. Mucha gente quedará fuera desde el arranque y encontrará el conjunto interminable. Es un riesgo tan real que no tiene sentido disimularlo. Pero si eres capaz de atravesar esa barrera y dejarte llevar por las historias y por la forma en la que se cuentan, podrás encontrar diversión, emoción y la sensación bastante infrecuente de estar presenciando algo hermoso.

Por último, quería destacar un cierre abrumador que condensa la obra entera en un solo plano, poderoso desde lo conceptual y bello desde lo visual. Un desenlace que admite lecturas opuestas pero que hace de esa ambigüedad la última coherencia de una película plagada de enseñanzas que el propio espectador ha de desentrañar.

Un regalo

Resurrection (2025) es cine sobre cine para el cine. Exige, desconcierta, agota, deslumbra y termina recompensando a quien aguanta el pulso. Pero lo verdaderamente inquietante es que su director rodó esta película con treinta y cinco años y maneja un idioma propio que casi nadie domina en la actualidad. Quizá es pronto, pero sería raro que no acabase marcando su propia época.

¿Dónde ver Resurrection?

Streaming: Filmin, Movistar+

Alquiler: AppleTV, RakutenTV, Prime Video

Compra: AppleTV, RakutenTV, Prime Video

Ficha Técnica

Título original: Kuang ye shi dai (Resurrection)

Año: 202

Duración: 160 min.

País: China

Director: Bi Gan

Guion: Bi Gan, Zhai Xiaohui

Reparto: Jackson Yee, Shu Qi, Mark Chao, Li Gengxi, Hao Lei, Zhang Yi, Dong Zijian, Lee Hong-Chi

Género: Drama, Ciencia ficción, Distopía, Monstruos

Calificación: 9,5/10

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