«The Crazies» (2010): un remake que supera la original
La película de Eisner es un thriller de horror pandémico con una primera media hora exquisita que, aunque termina por estereotiparse, es capaz de ofrecer pequeñas dosis de virtuosismo.
La película de Eisner es un thriller de horror pandémico con una primera media hora exquisita que, aunque termina por estereotiparse, es capaz de ofrecer pequeñas dosis de virtuosismo.
El título de la cinta corresponde a la manera popular con que se denomina a los discos de vinilo, parecería un fetiche de la época de la adolescencia, pero las escenas fluyen en un montaje que no deja rastros de su hilván.
María Callas (2024) trata de exponer el dolor de la soledad de una estrella que se va apagando poco a poco y de cómo esa situación hace que su mente viaje por los nostálgicos recovecos de la memoria.
El amor después del mediodía (1972) es un ejercicio propio de un filósofo, de un orfebre del pensamiento y cuestionamiento de lo que le rodea, ya sea corpóreo o etéreo.
El montaje de «Whiplash» es matemático, perfecto, al servicio de la música de jazz que ensalza dos piezas: Whiplash y Caravan.
Ozon combina ingenio, comedia, ritmo y un guion sobresaliente en un cóctel final capaz de estimular tanto la mente como las emociones.
A mitad del metraje nos enteramos de la razón por la que Lee abandono su ciudad natal, sus tres hijos murieron en un incendio, no pudo enfrentar la culpa y huyó a otra ciudad para vivir en un segundo plano.
La cinta se centra en el compromiso del grupo Spotlight (lugar de luz) por el periodismo investigativo sobre los abusos cometidos por los sacerdotes en contra de menores de edad.
Una batalla tras otra (2025) es una cinta entretenida, con un argumento que le aporta ritmo, pero que la vacía de cualquier intento del espectador de empatizar con algo o alguien.
Kassovitz nos sitúa en los suburbios de la capital francesa, epicentro de los conflictos sociales más habituales: discriminación, pobreza, vandalismo y brutalidad policial.