«Lilo y Stitch» (2025): sin alma ni necesidad
Hay poco que rescatar en una cinta costumbrista cuyos escasos cambios resultan en un deterioro de la propia narrativa, lo que la conduce a ser uno de tantos live actions fallidos.
Hay poco que rescatar en una cinta costumbrista cuyos escasos cambios resultan en un deterioro de la propia narrativa, lo que la conduce a ser uno de tantos live actions fallidos.
Su conformismo cinematográfico se ha alineado con la nula intención de arriesgar en ninguno de los aspectos de un filme desechable.
El sueco realiza un trabajo filosófico y visual portentoso, una cuasi obra maestra sobre el cine de autor antibelicista.
Ordet (1955) va directa a una de las estanterías más selectas del cine, un regalo de unas proporciones que escapan a la valoración numérica y que trascienden a un espacio donde solo habitan unas pocas elegidas por el impasible juez que es el paso del tiempo.
The Human Centipede (2009) es una oda a los límites de la creatividad cinematográfica, del aguante del espectador y de la osadía llevada al extremo narrativo.
La atmósfera opresiva de unos pocos metros cuadrados, donde oficiales enfrentados dirimen las últimas decisiones de un imperio caído, se siente con la pesadez e importancia del momento histórico que se representa.
Estamos ante una cinta profundamente desagradable, grotesca, deshumanizadora, pero no por ello una mala película.
Tarkovsky articula una cinta fragmentada en lo difuso de la memoria, una obra que navega por la nebulosa de los recuerdos, por esa borrosa bruma de la que se impregnan ciertas reminiscencias del pasado.
Godard nos entrega un producto final de una belleza fría, pero con la capacidad innegable de conmover, una meditación sobre la libertad, el fatalismo y la propia existencia.
Dreyer fabrica un explosivo compuesto de sentimientos y te lo lanza sin piedad, logrando conmover y perturbar a partes iguales.