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La jugada más sensata para una productora como Laika hubiera sido echar el freno después de que su anterior película se quedara en un poco más de veintiséis millones de dólares en todo el mundo. El estudio de Oregón ha decidido hacer todo lo contrario. Con Wildwood: El bosque salvaje (2026) ha invertido más de cien millones y casi quince años de trabajo, sin el respaldo de ningún gigante de Hollywood y con altas probabilidades de volver a estrellarse en taquilla. Quedan pocas productoras entusiastas del cine que se juegan su propia supervivencia solamente para entregar un producto de calidad, y esa terquedad merece un aplauso antes incluso de hablar de la película.

Un sendero conocido

Este riesgo nos presenta una película con el esquema de toda la vida, donde la persona menos preparada debe embarcarse en una aventura que acabará por obligarla a mirarse por dentro. Y aunque todo es bastante previsible, está contado con tantísima convicción que la falta de sorpresa apenas se nota. Esto se debe a un ritmo que no decae en ningún momento, ya que antes del cuarto de hora se ha desatado el conflicto principal y a partir de ahí los personajes van entrando y saliendo de escena a buen paso, haciendo que las más de dos horas se repartan con una regularidad incuestionable. Ambos protagonistas sostienen el recorrido narrativo cada uno con su personalidad, desde una persona escéptica hasta un pardillo de clase, los dos metidos en una aventura que les viene enorme y en la que descubren que sirven para algo. Dos arcos bien trenzados donde ninguno se queda a la sombra del otro.

A su vez, la cinta se permite crecer en un entorno político que le da al bosque más relieve del que tendría una simple trama de aventuras. Animales, bandidos, funcionarios y gobernadores se disputan el poder, haciendo que el conjunto recuerde a lo que intentaban películas como las de Las crónicas de Narnia (2005-2010), solo que con algo más de oficio y mejor gusto. Cada bando posee una motivación propia construida desde la coherencia, haciendo que se entienda sin esfuerzo. Y es que hasta los secundarios son capaces de incrustarse en la memoria, remitiendo a figuras de otras fantasías parecidas, pero siempre con aire fresco.

Cuento adulto

Por otro lado, el humor de la cinta se inclina más hacia la sátira, a un humor sorprendentemente maduro, con más mala uva de la que aparenta. La película resulta ser bastante irónica metiéndose con la burocracia y demás temas sociales. El tono roza a menudo lo adulto con una violencia que ocupa más espacio del previsto en un producto con aspecto de entretenimiento familiar. Por ello podríamos decir que recupera el espíritu de los cuentos de hadas más antiguos, pero sin excederse. Y es que, como C. S. Lewis decía, aquel cuento infantil que solo disfrutan los niños es un mal cuento infantil.

Épica en miniatura

Y toda esta mezcolanza sucede en la película de stop motion más larga que se ha hecho nunca, una película donde alguien ha tenido que mover a mano, fotograma a fotograma, durante cinco años de rodaje gran parte de las figuras que la componen. Sin considerarme ningún especialista en este tipo de animación, creo que salta a la vista que el apartado técnico es de matrícula de honor. Estamos delante de una cinta capaz de hacerte olvidar cómo está hecha, algo nada fácil en un formato tan laborioso. Aún por encima, Laika se permite el lujo de llevar la escala de algunas secuencias a unos límites difíciles de imaginar. El estudio nos brinda batallas con miles de combatientes en pantalla que no desentonarían en la trilogía de El señor de los anillos (2001-2003).

Pero también es difícil de creer lo que sucede con el paisaje. Caleb Deschanel llegó a estudiar cómo influía la luz del sol, la niebla y diferentes eventos meteorológicos en los muñecos para luego, en plató, imitar esas condiciones y regalarnos así una belleza naturalista que parecía imposible lograr en miniatura. Su trabajo alcanza la cima en los pasajes más épicos, cuando la naturaleza y la guerra comparten plano. Por último, hay que mencionar una banda sonora muy cuidada y con una presencia constante, que siempre entra en el momento oportuno, dando a las escenas el empujón que necesitan.

El riesgo compensa

En definitiva, pase lo que pase cuando se hagan las cuentas, la apuesta ya está ganada. Laika ha levantado una de las películas de animación más ambiciosas de la historia sin perder de vista ni a sus personajes ni a su narrativa. Quizá esta última no reinvente nada, pero pocas veces una fábula de corte clásico ha recibido tantísimo mimo. Un obsequio para los que amamos el cine arriesgado, y de lo mejor que ha pasado por las salas este año.

¿Dónde ver Wildwood: El bosque salvaje?

Se podrá disfrutar en salas españolas a partir del 22 de octubre.

Ficha técnica

Título original: Wildwood

Año: 2026

Duración: 132 min.

País: USA

Director: Travis Knight

Guion: Chris Butler

Género: Animación, Fantástico, Aventuras, Stop Motion, Animales

Calificación: 9/10

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