Sofia Coppola irrumpió en el panorama cinematográfico adaptando la novela de Jeffrey Eugenides. La directora logra crear un relato propio sobre la adolescencia suburbana de los años 70, perdurando en la memoria cinéfila y desprendiéndose así de la sombra de su apellido.
Cruda visión de la adolescencia
Alejándose de las etiquetas del drama juvenil, el filme se sostiene sobre unos cimientos que priorizan la resonancia de su mensaje por encima de la perfección formal. Esto es palpable, ya que el pulso narrativo fluctúa, entregando momentos de una lucidez devastadora junto a otros donde la metáfora se subraya con un trazo demasiado grueso. La película compensa sus desequilibrios con una crítica a la ceguera generacional, exponiendo la incapacidad de los adultos para enfrentarse al abismo que se abre bajo los pies de sus hijos. Lo que consigue Coppola es el resultado de las cicatrices propias de un debut valiente que prefiere arriesgarse a ser imperfecto antes que inocuo.
La realidad que se construye encuentra su mejor aliado en la decisión de relatar la historia desde la lejanía, filtrándola a través de la memoria colectiva. Cuando la cinta decide negar el acceso directo a la psique de las protagonistas, se preserva el misticismo que las envuelve y refuerza la idea de que el dolor es un enigma privado. Coppola convierte a las hermanas en figuras casi mitológicas, seres atrapados tanto por su dolor como por la incomprensión y el autoritarismo de un hogar ausente de amor. Todo resulta en una fachada donde el relato se reduce a proyecciones de un deseo ajeno que nunca logran traspasar la ficción suburbana. Es en la ambigüedad donde la obra alcanza su verdadera madurez.
Matices visuales
El cariz visual se nutre del mismo aire desolador de la historia que se cuenta, desplegando una estética que acompaña el dolor sin estridencias pero con claridad. La paleta cromática oscila entre tonos apagados, reflejando la asfixia y el estancamiento de las hermanas, y una calidez casi quemada que surge de la voz en off, evocando la nostalgia traicionera del paso del tiempo. Todo resulta excesivamente calculado para que la imagen trascienda lo estético y sea el reflejo de una memoria que se va destiñendo en una belleza lánguida que le otorga identidad a la película.
Imperfecta pero reflexiva
Las vírgenes suicidas (1999) es una meditación sobre los peligros de la idealización y de la incomunicación que sigue vigente a día de hoy. Es una pieza que, sin llegar a la obra maestra redonda que a veces se reivindica, consigue dejar un poso de reflexión en el espectador. Coppola firma un relato imperfecto pero necesario sobre la complejidad del ser humano.
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Ficha Técnica
Título original: The Virgin Suicides
Año: 1999
Duración: 97 min.
País: USA
Director: Sofia Coppola
Guion: Sofia Coppola
Reparto: Kirsten Dunst, James Woods, Kathleen Turner, Josh Harnett, Scott Glenn
Género: Drama, Adolescencia, Familia, Años 70, Película de culto
Calificación: 7/10
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