La experiencia humana ha encontrado en el arte un espacio donde procesar aquello que resulta difícil de nombrar, ya sea la pérdida, el amor, o la necesidad de dotar de sentido al dolor. Chloé Zhao va más allá de la narración de hechos concretos; esta obra se aproxima a la vida desde lo emocional, entendiendo que hay vivencias que solo pueden ser transitadas, no explicadas. Hamnet (2025) logra inscribirse en esa tradición, utilizando el séptimo arte como vehículo para acompañar los pasajes más frágiles de la existencia.
Despliegue emocional
El relato adapta la historia de amor y desgracia de dos figuras tan opuestas como complementarias. Agnes es un personaje vinculado a la naturaleza, primitivo en su forma de entender el mundo, guiado por una conexión espiritual con su madre que la conecta con todo lo que la rodea. Frente a ella, Shakespeare se presenta de una forma más terrenal, racional y capaz de comprender el universo interno de su mujer, pero negado en el arte de verbalizar lo que siente. En él vive el miedo a la irrelevancia, a sucumbir a la nimiedad más absoluta.
A medida que avanza la película, esta se funde con los protagonistas, entendiendo el duelo no como un acontecimiento puntual, sino como un proceso que se filtra a través del tiempo. Hamnet (2025) filma la tragedia desde la persistencia, enfocando cómo esta se instala en el cuerpo, en la memoria y en la forma de mirar el mundo. Todos los sentimientos derivados de este sufrimiento conviven con una necesidad de redención; se construye un tapiz donde los personajes no buscan respuestas, sino formas para seguir existiendo.
La ganadora
Durante todo este recorrido, la interpretación de Jessie Buckley es capital. Su Agnes es magnética desde el primer fotograma; es capaz de transmitir el dolor genuino de una madre a través de una serie de recursos tan variados que resulta irreal. Buckley ganará el Oscar con la misma rotundidad con la que encarna a una madre que parece tan real como la que tiene cada uno en su casa. Sin embargo, Paul Mescal interpreta un personaje construido desde la coraza emocional, situándolo deliberadamente en un segundo plano expresivo que, siendo coherente con su naturaleza, lo relega a nivel de impacto.
Además de a Chloé Zhao, hay que darle las gracias a Lukasz Zal. El director de fotografía despliega una enorme sensibilidad que, apoyada en un naturalismo hipnótico, encuentra la belleza tanto en la intimidad de los cuerpos como en los paisajes abiertos. Simetría visual y luz natural convergen en cada plano para que los personajes cavilen, sufran, se cansen de sí mismos y se reconcilien con su propia fragilidad. El polaco compone una maqueta visual de una belleza incuestionable.
La cumbre del 2025
Hamnet (2025) hipnotiza desde lo visual, lo narrativo y lo interpretativo. El arte se entiende como un espacio de unión y supervivencia, como una forma en la que el dolor se transforma en memoria, legado y redención. Es una película que acepta la complejidad de la experiencia humana y la imposibilidad de cerrar ciertas heridas.
Resulta difícil abandonar la película sin la sensación de haber asistido a algo profundamente íntimo. Pasajes que transitan desde el nacimiento a la muerte no se imponen por medio del impacto, sino por la acumulación de emociones. Hamnet (2025) no solo aborda asuntos como la pérdida o el duelo, sino que también muestra cómo el arte puede transformarlos en algo hermoso. Una obra totémica, de una belleza y honestidad infrecuentes, un prodigio sobre cómo la emoción supura ante la crueldad de la muerte.
¿Dónde ver Hamnet?
Disponible en salas españolas desde el 23 de enero de 2026
Ficha Técnica
Título original: Hamnet
Año: 2025
Duración: 125 min.
País: Inglaterra
Director: Chloé Zhao
Guion: Maggie O’Farrell, Chloé Zhao
Reparto: Jessie Buckley, Paul Mescal, Jacobi Jupe, Joe Alwyn, Emily Watson, David Wilmot, Jack Shailoo
Género: Drama, Biográfico, Literatura, Maternidad, Paternidad
Calificación: 9’5/10
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