James Cameron vuelve con su obra cumbre para dejar clara una paradoja fascinante: es capaz de darnos el espectáculo cinematográfico más apabullante de la historia y, simultáneamente, uno de los ejercicios de escritura más conservadores. Pandora se ha convertido en una lucha interna para el espectador, una dicotomía entre la rendición sensorial y la exigencia de una mejor narrativa.
Mediocridad narrativa
Uno de los grandes problemas de la saga reside en un guion cobarde, uno que amaga con situaciones al límite, tensando arcos dramáticos hasta el punto de ruptura para luego recular a la seguridad del status quo. Cameron dispone de más de tres horas para mover sus fichas, pero la sensación final es la de un cineasta aterrorizado ante la idea de tomar decisiones irreversibles que puedan comprometer futuras entregas. Resulta frustrante ver cómo muchas de las situaciones se resuelven con salidas predecibles, priorizando así la seguridad de su franquicia millonaria sobre la coherencia narrativa.
Otra debilidad es la de una estructura cíclica: el conflicto entre Sully y la facción militar ha entrado en un estado de repetición que empieza a mostrar signos de agotamiento, replicando esquemas e incluso la estructura base del desenlace de su predecesora. Donde la película encuentra su salvación narrativa es mediante la subtrama que rodea a las Tulkun. La conexión emocional con dichas criaturas sigue siendo el corazón de la película, habiendo más empatía y desarrollo de personajes en la mirada de esa ballena que en horas dedicadas a las disputas en torno a Sully. Como ya sucedió en la segunda parte, es en los momentos de comunión con la naturaleza donde la película brilla y, por qué no, conmueve.
Espectáculo visual
Si su vertiente narrativa roza la mediocridad, a nivel técnico juega en una liga en solitario. Lo que este equipo logra con la física de fluidos, las partículas de ceniza y la interacción con la luz es de un valor incalculable. La cinta de Cameron instrumentaliza dicha perfección como un arma de distracción, y lo cierto es que funciona; la belleza es tan hipnótica que uno se descubre perdonando lo que a otros no. Es una matrícula de honor visual que maquilla la simpleza narrativa, logrando que más de tres horas se disuelvan con ligereza.
El salvapantallas perfecto
Avatar: Fuego y ceniza (2025) es un triunfo del estilo sobre la sustancia. A pesar de su cobardía argumental, la película consigue ser un entretenimiento que te mantiene embobado durante 197 minutos. Seguramente salgas del cine consciente de sus fallos, pero con la satisfacción irracional de haber presenciado algo único.
¿Dónde ver Avatar: Fuego y ceniza?
Disponible en salas españolas desde el 19 de diciembre de 2025
Ficha Técnica
Título original: Avatar: Fire and Ash
Año: 2025
Duración: 197 min.
País: USA
Director: James Cameron
Guion: James Cameron, Rick Jaffa, Amanda Silver
Reparto: Sam Worthinton, Zoe Saldaña, Signourney Weaver, Kate Winslet, Stephen Lang, Cliff Curtis, Oona Chaplin
Género: Drama, Adolescencia, Familia, Años 70, Película de culto
Calificación: 7,25/10
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