El cine brasileño siempre ha explotado su desgracia para hacer gran cine. En los últimos años, la dictadura militar ha sido uno de los ejes temáticos principales con películas como la sobresaliente Aún estoy aquí (2024). La propuesta de Walter Salles te implicaba emocionalmente desde lo íntimo y lo familiar, haciendo que el trauma político se filtrara a través de vínculos reconocibles. Sin embargo, El agente secreto (2025) se aproxima a este período desde un lugar más distante, más cerebral y más consciente de su peso y gravedad histórica. La diferencia de enfoque no es un error en sí mismo, pero sí marca con claridad gran parte de la experiencia emocional de la película y, en gran medida, la sensación de frialdad con la que atraviesas buena parte de su metraje.
Distante con el espectador
Kleber Mendonça Filho traza un thriller político con tintes neo-noir donde la paranoia, la intriga y la atmósfera son más relevantes que la identificación emocional directa. El relato nos sumerge en la paternidad interrumpida de un personaje acechado por la violencia estructural de la dictadura. Su motivación de ejercer dicha paternidad es el verdadero motor del personaje, dando a entender que la dictadura no solo mata cuerpos, sino que borra futuros y rompe vínculos.
El ensamblaje de dicha historia apuesta por una estructura bifronte que alterna entre 1977 y la actualidad, estableciéndose así un diálogo constante entre pasado y memoria. Dentro de que esta intención es legítima, creo que acaba siendo uno de sus puntos más problemáticos, ya que el bloque ambientado en 1977 pierde fuerza cuando el relato se desplaza hacia el presente, rompiendo así la inmersión y afectando al ritmo general. Esto no quita mérito a la intención de mostrar que el trauma de la dictadura no pertenece únicamente al pasado, sino que sigue presente a través de archivos incompletos, recuerdos fragmentados o silencios heredados.
A pesar de esto, la película consigue retratar la violencia de la dictadura sin ser especialmente expositiva. En muchas ocasiones, la cinta opera desde el borrado, y no tanto desde la literalidad. Se mata desde el olvido. Esta idea se integra de forma notable en el tono general de un filme reforzado por una atmósfera de paranoia urbana constante donde todo parece tener la capacidad de observar, escuchar o vigilar. Mendonça Filho consigue construir un terror sin monstruo.
Y es que también hay espacio para lecturas simbólicas profundamente sugerentes e interpretables. Una de las más llamativas es cómo la naturaleza, a través de un tiburón, devuelve aquello que la dictadura intenta enterrar. Una metáfora que refuerza la sensación de que, tarde o temprano, la verdad acaba emergiendo incluso cuando el poder intenta borrarla.
Alarde y contención
Lo referente al apartado técnico y visual roza la excelencia. La estética setentera resulta pesada, densa, y juega claramente a favor del relato. El diseño de producción y el uso del espacio urbano son claves en la construcción de una atmósfera que, en gran parte, sostiene la película incluso cuando el ritmo narrativo decae. Existe intención a la hora de crear una sensación de vigilancia y de incomodidad constante.
Wagner Moura, por su parte, contribuye a dicha incomodidad con una interpretación contenida, marcada por una ansiedad interna que nunca termina de exteriorizar. Y aunque su trabajo transmite el desgaste psicológico del personaje, la distancia emocional que impone la propia película impide que la conexión sea plena durante la totalidad del metraje. Aun así, objetivamente, su presencia aporta una solidez interpretativa difícilmente cuestionable.
Le falta algo
En términos generales, El agente secreto (2025) es formalmente brillante, sólida en su planteamiento y ambiciosa en sus intenciones, pero lastrada por una frialdad que dificulta una conexión que podría haber elevado su techo por encima del halago objetivo. Quizá su duración, que supera ampliamente las dos horas y media, no juegue a su favor en un tramo central donde el ritmo sufre las consecuencias de su estructura narrativa. A pesar de esto, es una obra valiosa y respetable que aborda la dictadura de forma distinta, aunque no siempre sea efectiva a nivel sensorial. Es una propuesta que gusta, que se admira en muchos aspectos, pero que transmite la sensación de que, con un toque más emocional, podría haber sido más poderosa.
¿Dónde ver El agente secreto?
Disponible en salas españolas desde el 20 de febrero de 2026
Ficha Técnica
Título original: O Agente Secreto
Año: 2025
Duración: 158 min.
País: Brasil
Director: Kleber Mendonça Filho
Guion: Kleber Mendonça Filho
Reparto: Wagner Moura, Alice Carvalho, Gabriel Leone, Udo Kier, Isabél Zuaa, Maria Fernanda Cândido
Género: Thriller, Drama, Intriga, Años 70, Dictadura militar de Brasil
Calificación: 7/10
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